A veces las mujeres vivimos sintiendo que no estamos donde queremos estar y no siempre somos conscientes de lo que tenemos que hacer para conseguirlo.​

Las mujeres hemos conquistado derechos que impidieron, y aún hoy todavía impiden a muchas mujeres, un desarrollo más que justa. Pero no encontraremos nuestro lugar íntimo de satisfacción hasta que ese hacer esté conectado con el especial sentir femenino que toma en cada mujer una forma única. ​

Esa conquista pasa por recorrer y conocer las diferentes etapas y papeles de nuestra vida,saliendo 

“El amor crea en la mujer, una mujer nueva; la de la víspera ya no existe al día siguiente”. 

                   Honoré De Balzac.

de estereotipos, programas y respuestas que hemos estado interpretando durante años si poder revisar.

 

Debemos tener la posibilidad de ser creadoras de nuestra propia realidad y por eso creemos en el valor del arte en este camino de empoderamiento personal. Nuestras actividades siempre buscan la expresión libre de nuestra singularidad, para poder vernos y recrearnos en ella.

 

 En dichas actividades recorremos cuatro etapas o facetas de nuestra vida para poder despertar a la mujer que eres y no otra.

SOY HIJA.

Ser mujer marca desde nuestra infancia la educación que recibimos, especialmente determinada por la relación con nuestro cuerpo: con una biología, una estética, una ética y una conexión con su carácter cíclico.  

Miramos a las mujeres de nuestra familia: abuelas y madres de las que ignoramos tanto como conocemos, haciéndonos fieles a sus dolores o incapacidades. Comienza también en este momento la relación con lo masculino de la mano de nuestro padre y hermanos: algo que también condicionará nuestra relación con los hombres en el futuro.

SOY PAREJA.

Crecimos acunadas por los cuentos de princesas y con el apremio de encontrar la media naranja que nos completará, olvidando así que ya 

estamos completas. El trabajo de la pareja es el más exigente que nos ocupa en la vida, pero también uno de los más relevantes y trascendente que podamos realizar. Con él no solo aprendemos a ser libres, sino que posibilitamos que quien nos acompaña pueda acceder igualmente a este crecimiento.

 

SOY MADRE.

 

Ser madre es otra parte importante de nuestro camino y la forma más poderosa que tenemos de actualizarnos a través de la mirada de nuestros 

hijos. Desde el embarazo hasta que estos se van de casa hay mil posibilidades de relacionarnos con ellos que están en manos de cómo nos relacionemos con nosotras mismas. No tenemos que ser madres perfectas sino auténticas, y atravesar con sabiduría todas las crisis vitales que tendremos que acompañar. Damos vida en la medida que la tenemos para nosotras.

SOY TRABAJADORA.

 

Las posibilidades profesionales de las mujeres crecen cada día y es más que necesario que lleven a ellas el espíritu integrador y colaborativo que vive en lo femenino y que busca su expresión en todos los entornos laborales. 

SOY YO.

El camino de cada mujer es único pero es al comienzo de su menopausia, en su etapa madura, cuando la mujer puede hacer un giro realmente definitivo en su vida. Es el momento de soltar los papeles anteriores y redefinir la realidad en su propio beneficio, sabiendo que su conquista también aportará valor a quienes la rodean. 

Es el momento de un camino mayúsculo hacia dentro; hacia la mujer salvaje que lleva dentro: esa que sabe que está sostenida, conectada y al servicio de algo más grande.

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